VIAJES RADICALES
¡Malditos canadienses! -Me dijiste, antes de cortar el teléfono-.Recién habías llegado y ya te habían dejado plantada en Buenos Aires. No podías cambiar los pasajes y el tiempo de tu visa se acababa. Y yo, que había estado los últimos tres meses tratando de convencerte, veía en esta desgracia mi oportunidad. ¿Qué mejor excusa para un affaire que el invierno, las circunstancias y la soledad? -No se me ocurría ninguna mejor-.
Inmediatamente compré los pasajes y armé la maleta.
La noche siguiente ya estaba en Buenos Aires. Tomé un taxi, llegué al hotel, hice el check in y vi que me habías registrado en tu mismo cuarto. El cazador cazado -pensé-.
Seguramente, se te había cruzado la idea de que la soledad, las circunstancias y el invierno...





